jueves, 16 de marzo de 2017

La relación entre los trastornos del lenguaje oral y los de la lengua escrita (*)

Una de las contribuciones más significativas y valiosas de la investigación en las dos últimas décadas ha sido poner de manifiesto la relación entre los Trastornos Específicos del Lenguaje (TEL) y la dislexia evolutiva (DE). Según Paula Tallal (2004), diversos estudios longitudinales han mostrado que más del 50 % de los niños que son diagnosticados como TEL también cumplen requisitos para ser diagnosticados como disléxicos. Añade Tallal que muchos disléxicos –no todos- muestran déficit en diferentes aspectos del lenguaje oral. Hallazgos como estos hicieron que empezara a cuestionarse la estricta división entre DE y TEL (Kamhi y Catts, 1986) de modo que Catts (1991) escribía: «Muchos casos de dislexia se describen mejor como ejemplos de trastornos evolutivos del lenguaje, […] que se manifiesta de diferentes formas durante el desarrollo» (p. 164; véase también Catts, 1993). Así, muchos investigadores han comenzado a utilizar un nuevo término –Trastornos del Aprendizaje del Lenguaje (Language Learning Impartments, LLI; Bishop y Snowlling, 2004)- que pretende abarcar el continuo entre los niños con trastornos del lenguaje oral y/o escrito (Tallal, Allard, Miller y Curtiss, 1997).

Existen tres propuestas sobre cuál podría ser la relación entre TEL y DE: la hipótesis de la severidad; la hipótesis de componentes aditivos y la hipótesis de componentes independientes (Catts, Adlof, Hogan, y Weismer, 2005; Ramus, Marshall, Rosen, Heahter y van der Lely, 2013). 



Según Tallal (2004), las diferencias entre TEL y DE podrían ser cuantitativas; una cuestión de maduración, más que dos trastornos cualitativamente diferentes. Los mismos déficit de percepción del habla que causan los problemas observados en los TEL serían también la causa de los problemas observados en los disléxicos (Kamhi y Catts, 1986; Tallal, 2003), siendo en los primeros más severos que en los segundos. Aunque parece que existe un número importante de sujetos que responden a este perfil, la descripción no abarca, sin embargo, a las características y evolución de todos los casos.

La segunda hipótesis mantiene que la DE y el TEL serían trastornos cualitativamente diferentes. Mientras que la DE sería principalmente un déficit fonológico, los niños que padecen TEL tendrían un déficit fonológico más un déficit en otros componentes del lenguaje, como en el vocabulario y/o la morfosintaxis (Bishop y Snowling, 2004). De esta forma, DE y TEL no serían un mismo déficit con distintos niveles de severidad, sino trastornos cualitativamente diferentes.

Existe una tercera posibilidad (Catts et al., 2005; Ramus et al., 2013). La DE y el TEL serían trastornos evolutivos diferentes con causas cognitivas y manifestaciones conductuales diferentes. La dislexia sería debida al déficit fonológico básico mientras que en el TEL existirían otros déficits básicos asociados al componente semántico o sintáctico. Ahora bien, el solapamiento de los trastornos no se explicaría, como defiende la hipótesis anterior, por compartir un déficit fonológico, sino por la existencia de comorbilidad entre ambos trastornos. Los datos avalan que existen niños con TEL que no tienen dificultades en la lectura de palabras (ni un déficit fonológico) y niños que tienen DE y que no han tenido un historial de dificultades durante la adquisición del lenguaje.

De forma coherente con esta evidencia, Snowling y Hulme (2012) han defendido que deben distinguirse dos formas diferentes de trastornos de la lectura que no están adecuadamente recogidas en el nuevo DSM-5. La dislexia sería una dificultad principalmente de decodificación manifestando tanto problemas de exactitud como de velocidad y afectando del mismo modo al aprendizaje de la ortografía. La dislexia sería el resultado de una debilidad en el componente fonológico del lenguaje y hoy día sabemos que el entrenamiento en conciencia fonológica y la enseñanza directa del principio alfabético pueden disminuir sensiblemente las dificultades. La otra forma de trastorno de la lectura sería una dificultad en la comprensión. Los niños con este trastorno pueden leer en voz alta con exactitud y fluidez, pero tienen dificultades para construir el significado del texto. Este trastorno parece estar relacionado con debilidades en un rango de habilidades lingüísticas que abarcan el vocabulario y la morfosintaxis. Snowling y Hulme (2012) señalan que esta última categoría no aparece separada en el DSM-5 lo que puede perjudicar su diagnóstico y tratamiento.

Finalmente Snowling y Hulme (2102) advierten que ambos trastornos son de naturaleza continua -no categorial- y están estrechamente relacionadas con los trastornos del lenguaje oral. En el DSM-5 tampoco se reconoce esta continuidad entre los trastornos del lenguaje oral y trastorno del lenguaje escrito, ni las altas tasas de comorbilidad de los trastornos del lenguaje con otros trastornos evolutivos, factores que influyen de forma notable sobre la severidad y manifestaciones de estas dificultades.

(*) Contenidos desarrollados a partir de: Luque, Giménez, Bordoy y Sánchez. De la teoría fonológica a la identificación temprana de las dificultades específicas de aprendizaje de la lectura. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología (2016), http://dx.doi.org/10.1016/j.rlfa.2015.10.001. Enlace al artículo

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